Loely
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Poemas (48)

Llegué a Valladolid

A cierta dama que se dejaba vencer antes del interés que del gusto

A Córdoba

A Don Cristobal de Mora

A Don Luis de Vargas

A Guadalquivir, río de Andalucía

A la beatificación de San Ignacio

A la grandeza y dilatación de Madrid

A la Purísima Concepción de Nuestra Señora

A las damas de la corte, pidiéndoles favor para los galanes andaluces

A los celos

A un sueño

A un sueño

A una dama muy blanca, vestida de verde

Al Duque de Feria de la señora doña Catalina de Acuña

Al Escorial

Al Marqués de Ayamonte

Al Marqués de Velada

Al tramontar del sol

claro honor del líquido elemento

Clori

Cual parece al romper de la mañana

De Don Francisco de Padilla, castellano de Milán

De la ambición humana

De los que censuraron su Polifemo

De un caballero que llamó soneto a un romance

De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado

De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler

De unas fiestas en Valladolid

Determinado a dejar sus pretensiones y volverse a Córdoba

Dilatándose una pensión que pretendía

Duélete de esa puente

El sepulcro de Dominico Greco, excelente pintor

En el cristal de tu divina mano

En el sepulcro de la Duquesa de Lerma

En la capilla estoy y condenado

En la capilla estoy, y condenado

En la muerte de don Rodrigo Calderón

En la partida del Conde de Lemos

Hermoso dueño de la vida mía

Hurtas mi vulto y cuanto más le debe

Infiere, de los achaques de la vejez, cercano el fin a que, católico, se alienta

Inscripción para el sepulcro del Greco

Mientras por competir con tu cabello

No destrozada nave en roca dura

Pálida restituye

Rebelde y pertinaz

Tres veces de Aquilón...