Julio Herrera y Reissig

Invierno

Los éxtasis de la montaña

El invierno embalsama, con sugestión de faustos

emolientes, las cosas... Ebria por el ventisco,

la luna sesga en postuma decrepitud su disco

de azogue, que hipnotiza los predios inexhaustos.

 

La casa se reposa... Se oye el balar arisco,

como una pesadilla de clamores infaustos,

en duelo de quién sabe qué antiguos holocaustos

que lloran en el alma cristiana del aprisco.

 

Riendo ante la bella Neith que su prez modula,

el viejo una gloriosa lágrima disimula...

Por fin, la besa y luego que solemne la escruta,

 

úngela de tabaco, y su dicha completa

picándola en su barba las mejillas de fruta,

que aterciopela un vello brumoso de violeta...