Julio Herrera y Reissig

Claroscuro

Los éxtasis de la montaña

En el dintel del cielo llamó por fin la esquila.

Tumban las carrasqueñas voces de los arrieros

que el eco multiplica por cien riscos y oteros,

donde laten bandadas de pañuelos en fila...

 

El humo de las chozas sube en el aire lila;

las vacas maternales ganan por los senderos;

y al hombro sus alforjas, leñadores austeros,

tornan su gesto opaco a la tarde tranquila...

 

Cerca del Cementerio -más allá de las granjas-,

el crepúsculo ha puesto largos toques naranjas.

Almizclan una abuela paz de las Escrituras

 

los vahos que trascienden a vacunos y cerdos...

Y palomas violetas salen como recuerdos

de las viejas paredes arrugadas y oscuras.