José Asunción Silva
En brazos de un doctor y un sacerdote
un enfermo expiró.
Ateo que en sus últimos momentos
creyó en la religión.
El cura entre sus notas escribía
con frenético ardor:
«Aunque ateo vivió, se ha convertido:
¡que lo bendiga Dios!».
El doctor, a su vez, en sus apuntes
consignado dejó:
«El enfermo perdió el conocimiento
desde ayer a las dos».