José Asunción Silva
A Antonio J. Restrepo
¿Por qué de los cálidos besos
de las dulces idolatradas
en noches jamás olvidadas
nos matan los locos excesos?
¿Son sabios los místicos rezos
y las humildes madrugadas
en celdas tan sólo adornadas
con una cruz y cuatro huesos?
¡No, soñadores de infinito!
De la carne el supremo grito
hondas vibraciones encierra:
Dejadla gozar de la vida
antes de caer corrompida
en las negruras de la tierra.