César Vallejo

Poema LXXII

Trilce

Lento salón en cono, te cerraron, te cerré,

aunque te quise, tú lo sabes,

y hoy de qué manos penderán tus llaves.

 

Desde estos muros derribamos los últimos

escasos pabellones que cantaban.

Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,

los cerros llenos de triunfo.

Y el mes y medio transcurrido alcanza

para una mortaja, hasta demás.

 

Salón de cuatro entradas y sin una salida,

hoy que has honda murria, te hablo

por tus seis dialectos enteros.

Ya ni he de violentarte a que me seas,

de para nunca; ya no saltaremos

ningún otro portillo querido.

 

Julio estaba entonces de nueve. Amor

contó en sonido impar. Y la dulzura

dió para toda la mortaja, hasta demás.