Rosalía de Castro

Mi tierra

Sintióse agonizar, mil y mil veces,

de dolor, de vergüenza y de amargura,

mas aunque tantas tras de tantas fueron

no se murió ninguna.

 

Embargada de asombro

al ver la resistencia de su vida,

en sus horas sin término pensaba,

llena de horror, si nunca moriría.

 

Pero una voz secreta y misteriosa

la dijo un día con acento extraño:

Hasta el momento de tocar la dicha

no se mueren jamás los desdichados.