César Vallejo

Poema XLVI

Trilce

La tarde cocinera se detiene

ante la mesa donde tú comiste;

y muerta de hambre tu memoria viene

sin probar ni agua, de lo puro triste.

 

Mas, como siempre, tu humildad se aviene

a que le brinden la bondad más triste.

Y no quieres gustar, que ves quien viene

filialmente a la mesa en que comiste.

 

La tarde cocinera te suplica

y te llora en su delatal que aún sórdido

nos empieza a querer de oírnos tánto.

 

Yo hago esfuerzos también; porque no hay

valor para servirse de estas aves.

Ah! qué nos vamos a servir ya nada.