Amado Nervo

XXIII

Perlas negras

Cuando me vaya para siempre, entierra

con mis despojos tu pasión ferviente;

a mi recuerdo tu memoria cierra;

es ley común que a quien cubrió la tierra

el olvido lo cubra eternamente.

A nueva vida de pasión despierta

y sé dichosa; si un amor perdiste,

otro cariño tocará tu puerta...

¿Por qué impedir que la esperanza muerta

resurja ufana para bien del triste?

Ya ves... todo renace... hasta la pálida

tarde, revive en la mañana hermosa;

vuelven las hojas a la rama escuálida,

y la cripta que forma la crisálida

es cuna de pintada mariposa.

Tornan las flores al jardín ufano

que arropó con sus nieves el invierno;

hasta el Polo disfruta del verano...

¿Por qué no más el corazón humano

ha de sufrir el desencanto eterno?

Ama de nuevo y sé feliz. Sofoca

hasta el perfume de mi amor, si existe;

¡sólo te pido que no borres, loca,

al sellar otros labios con tu boca,

la huella de aquel beso que me diste!