César Vallejo

Nostalgias imperiales

Los heraldos negros

La Grama mustia, recogida, escueta

ahoga no sé qué protesta ignota:

parece el alma exahusta de un poeta,

arredrada en un gesto de derrota.

 

La Ramada ha tallado su silueta,

cadavérica jaula, sola y rota,

donde mi enfermo corazón se aquieta

en un tedio estatual de terracota.

 

Llega el canto sin sal del mar labrado

en su máscara bufa de canalla

que babea y da tumbos ahorcado!

 

La niebla hila una venda al cerro lila

que en ensueños miliarios se enmuralla,

como un huaco gigante que vigila.