Amado Nervo

XLIII

Perlas negras

Tu recuerdo, en las noches invernales,

cuando escribo en mi estancia triste y solo,

acaricia mi mente con raudales

de luz, cual las auroras boreales

acarician los páramos del polo.

¡Con él viene mi musa, mi consuelo!

No l'arredran las ráfagas, ni el hielo

que tapiza mi senda l'acobarda;

llega muy quedo, con sonrisa amante,

como llegan al lecho del infante

los ángeles benditos de la guarda.

La timidez encubre su deseo:

teme qu'el mundo sus amores sepa,

y me besa a hurtadillas, y la veo

alejarse después, como el trineo

veloz, sobre la nieve de la estepa...

¡Oh, cómo soy feliz en esas horas!

Mil imágenes castas, seductoras,

de mi ser en el fondo se levantan,

y mientras gozo con deleite interno,

los cierzos fríos a mis rejas cantan

la canción misteriosa del invierno...