César Vallejo

Poema XXXVI

Trilce

Pugnamos ensartarnos por un ojo de aguja.

enfrentados, a las ganadas.

Amoniácase casi el cuarto ángulo del círculo.

¡Hembra se continúa el macho, a raíz

de probables senos, y precisamente

a raíz de cuanto no florece!

 

¿Por ahí estás, Venus de Milo?

Tú manqueas apenas pululando

entrañada en los brazos plenarios

de la existencia,

de esta existencia que todaviíza

perenne imperfección

Venus de Milo, cuyo cercenado, increado

brazo revuélvese y trata de encodarse

a través de verdeantes guijarros gagos,

ortivos nautilos, aúnes que gatean

recién, vísperas inmortales.

Laceadora de inminencias, laceadora

del paréntesis.

 

Rehusad, y vosotros, a posar las plantas

en la seguridad dupla de la Armonía.

Rehusad la simetría a buen seguro.

Intervenid en el conflicto

de puntas que se diputan

en la más torionda de las justas

el salto por el ojo de la aguja!

 

Tal siento ahora el meñique

demás en la siniestra. Lo veo y creo

no debe serme, o por lo menos que está

en sitio donde no debe.

Y me inspira rabia y me azarea

y no hay cómo salir de él, sino haciendo

la cuenta de que hoy es jueves.

 

¡Ceded al nuevo impar

potente de orfandad!