Luis de Góngora

A la beatificación de San Ignacio

Sonetos

En tenebrosa noche, en mar airado,

al través diera un marinero ciego

de dulce voz y de homicida ruego,

de sirena mortal lisonjeado,

 

si el fervoroso celador cuidado

del grande Ignacio no ofreciera luego,

farol divino, su encendido fuego

a los cristales de un estanque helado.

 

Trueca las velas el bajel perdido,

y escollos juzga que en el mar se lavan,

las voces que en la arena oye lascivas;

 

ves el puerto, altamente conducido

de las que para norte suyo estaban

ardiendo en aguas muertas llamas vivas.