José Eustasio Rivera

LII - Sereno de humildad

Tierra de promisión

Sereno de humildad, la tarde gasto

en rodear el potrero y la cañada,

y al trote desigual de la vacada

suena la seca amarillez del pasto.

 

Braman luego las crías en el vasto

corral, ante la puerta reforzada,

y las vacas les tienden la mirada

con un anhelo maternal y casto.

 

Ya cuando acaba de morir la lumbre,

siente el ganado ignota pesadumbre;

y, echado en melancólica postura,

 

advierte en el ápice del cerro,

con agudos clamores, un becerro

da el toque de silencio en la llanura.