Francisco de Quevedo

Agradece, en alegoría continuada, a sus trabajos su desengaño y su escarmiento

Qué bien me parecéis, jarcias y entenas,

vistiendo de naufragios los altares,

que son peso glorioso a los pilares

que esperé ver tras mi destierro apenas!

 

símbolo sois de ya rotas cadenas

que impidieron mi vuelta, en largos mares;

mas bien podéis, santísimos lugares,

agradecer mis votos en mis penas.

 

No tanto me alegrárades con hojas

en los robres antiguos, remos graves,

como colgados en el templo y rotos.

 

Premiad con mi escarmiento mis congojas;

usurpe al mar mi nave muchas naves;

débanme el desengaño los pilotos.