César Vallejo

Terceto autóctono

Los heraldos negros

I

El puño labrador se aterciopela,

y en cruz en cada labio se aperfila.

Es fiesta! El ritmo del arado vuela;

y es un chantre de bronce cada esquila.

 

Afílase lo rudo. Habla escarcela...

En las venas indígenas rutila

un yaraví de sangre que se cuela

en nostalgias de sol por la pupila.

 

Las pallas, aquenando hondos suspiros,

como en raras estampas seculares,

enrosarian un símbolo en sus giros.

 

Luce el Apóstol en su trono, luego;

y es, entre inciensos, cirios y cantares,

el moderno dios-sol para el labriego.