José Asunción Silva
Juntos los dos reímos cierto día...
¡Ay, y reímos tanto
que toda aquella risa bulliciosa
se tornó pronto en llanto!
Después, juntos los dos, alguna noche,
lloramos mucho, tanto,
que quedó como huella de las lágrimas
un misterioso encanto.
Nacen hondos suspiros de la orgía
entre las copas cálidas,
y en el agua salobre de los mares,
se forjan perlas pálidas.