Francisco de Quevedo

A los ojos de Lisi, volviendo de larga ausencia

Bien pueden alargar la vida al día,

suplir el sol, sustituir la aurora,

disimular la noche a cualquier hora,

vuestros hermosos ojos, Lisa mía.

 

Son de fuego y de luz gran monarquía,

donde imperios confines atesora

el dios que, con la llama vengadora,

castiga, y no escarmienta, la osadía.

 

A verlos vuelvo, si posible ha sido

que truje alma de allá, donde quedaron,

o que pueda volver vivo un ausente.

 

Serame, por lo menos, concedido

que esto, si es algo, que de mí dejaron,

lo miren reducido a sombra ardiente.