Delmira Agustini

Misterio, ven

El libro blanco

Ven, oye, yo te evoco.

Extraño amado de mi musa extraña,

Ven, tú, el que meces los enigmas hondos

En el vibrar de las pupilas cálidas.

El que ahondas los cauces de amatista

De las ojeras cárdenas...

Ven, oye, yo te evoco,

Extraño amado de mi musa extraña!

Ven, tú, el que imprimes un solemne ritmo

Al parpadeo de la tumba helada;

El que dictas los lúgubres acentos

Del decir hondo de las sombras trágicas.

Ven, tú, el poeta abrumador, que pulsas

La lira del silencio: la más rara!

La de las largas vibraciones mudas,

La que se acorda al diapasón del alma!

Ven, oye, yo te evoco,

Extraño amado de mi musa extraña!

 

Ven, acércate a mí, que en mis pupilas

Se hundan las tuyas en tenaz mirada,

Vislumbre en ellas, el sublime enigma

Del más allá, que espanta...

Ven... acércate más... clava en mis labios

Tus fríos labios de ámbar,

Guste yo en ellos el sabor ignoto

De la esencia enervante de tu alma!

 

Ven, oye yo te evoco,

Extraño amado de mi musa extraña!