Amado Nervo

XIX

Perlas negras

¡Ven, acércate más! El campo umbrío,

el cielo torvo y el ambiente frío,

predisponen el alma a la tristeza.

Ven, apoya en mi hombro tu cabeza;

así, juntos, muy juntos, dueño mío.

Hablemos de tu amor: ¡de aquel soñado

amor! Cuando el invierno desolado

reina doquier, y pálidas se ahuyentan

la ilusión y la fe, ¡cómo calientan

los recuerdos benditos del pasado!

Ven, acércate más, mi dulce dueño...

y en tanto agita con tenaz empeño

la niebla gris su colosal cimera,

sobre nosotros vuelque la Quimera

el ánfora impalpable del Ensueño.