Carolina Coronado

Al Otoño

Presurosas huyeron

las horas del verano caluroso:

del álamo frondoso

las hojas se cayeron:

otra estación mi vida

cuenta en quejas inútiles perdida.

 

El tibio sol de octubre

la cabellera blanquecina tiende,

y sus hebras desprende

con que la tierra cubre,

ya que negros vapores

no absorban sus escasos resplandores.

 

Si el turbio remolino

de la copiosa lluvia espacio deja

a su rubia guadeja;

si en medio su camino

espesa niebla fría

la luz no roba que a la tierra envía;

 

Ora os recuerdo triste,

del verano risueñas alboradas,

ora noches templadas,

y a ti que apareciste

tres veces en la esfera,

luna, en la noche lúcida viajera.

 

¡Ay! ¡cómo desparecen

los más bellos encantos de la vida!

¡Cómo desprevenida,

sólo cuando perecen

el alma los conoce

para llorar su malogrado goce!

 

Así la primavera

pasará de mis años presurosa,

y aguardando ambiciosa

la dicha venidera,

de este bien que ora pierdo

penoso en la vejez será el recuerdo.

 

Volveré tristemente

los ojos hacia el tiempo desdeñado,

y como del pasado

verano el dulce ambiente,

su sol, su luna y flores,

recordaré mi juventud y amores.