Josefa Morillo
Ha llegado la hora del almuerzo,
sin poderlo evitar,
oye sonar los trinches y los platos
¡Y no se va!
Dan las once... la historia de los gringos
se dispone a empezar,
a las doce concluye; da la una,
¡Y no se va!
A las dos de la tarde: —Don Pegote,
¿quiere usted almorzar?
Almorcé muy temprano, muchas gracias”.
¡Y no se va!
Ya salen del colegio los muchachos,
las tres han dado ya.
—“¿Comeremos, amigo? —No, yo ceno”.
¡Y no se va!
A las cuatro nos habla de su oficio,
(quién sabe cuál será);
a las cinco nos habla de su novia,
¡Y no se va!
A las seis y cuarenta: —“Si se empeñan,
me quedaré a cenar”.
¡Se ha invitado y es claro que se queda!
¡Y no se va!
Cenamos. —“Porque no se me aplique
el dicho de adiós Blas,
estaré otro ratito con ustedes”.