Alfonsina Storni

Media Noche

El dulce daño

Es media noche; andamos a plena luna blanca

Muy cercanos al río que muere en la barranca,

Cuyas matas semejan, bajo el viento que barre,

Acurrucadas brujas en nefasto aquelarre.

 

 

Pero sólo hay un ruido que nos mueve a terrores:

Mi corazón que salta, perdido de temblores;

Mi corazón que ahoga tu mirada — su hiedra —

Y que de pronto queda, quieto, como de piedra.

 

 

Y mientras al acaso vagamos por la orilla

Esquivando los árboles que nos fingen sombrilla

Para la luz nocturna de una rara pureza

Me dices: — Niña mía, tengo tanta tristeza!

 

 

Yo te apreso las manos con fervor, desde el cielo

Bajan rayos tan tenues, que tu cara es un velo

De humana forma. Digo: — Si esta noche pudiera

Te palparía el alma. Yo no se cuál quimera

 

Me advierte que la tienes a flor de piel. El alma,

—Repito a tus oídos — dame a besar el alma.

Los ojos se te cierran sin querer. — Niña mía,

Musitas gravemente, quiebra tu fantasía;

 

No pidas lo imposible, cabecita liviana,

Más allá de los ojos hallarás carne vana.

Pero yo no te escucho: prendida de tus manos

Siento sacudimientos que adivino ultrahumanos.

 

 

¡Dios! digo con un grito que me asusta a mí misma:

En tus ojos que se abren mi pupila se abisma

Y te pones tan blanco que pareces de cera.

El alma, el alma, el alma... Dámela, así muriera!

 

Te aguzas de improviso como si un gran milagro

Te sacudiera el cuerpo mezquinamente magro,

Como si te tornaras de materia impalpable;

Una materia nueva, sagrada, invulnerable.

 

¡Oh, el milagro del alma! Por tus ojos se asoma:

¿Negra como los cuervos? ¿Blanca como paloma?

¿Roja como una dalia? ¿Como el mar azulada?

No lo sé... yo la veo, la veo y no sé nada.

 

Me quedo quieta, inmóvil, tiempo que ya no mido...

Tengo dentro del pecho un gran carmen florido

Cuyas raíces sorben, nutridas en las venas,

La sangre roja como licuación de verbenas.

 

 

No soy yo... No eres tú... Ya no veo tu boca,

Ya no veo tus ojos... Mi vida se equivoca,

Mi vida siente una potencia que la arranca...

Y en tanto va la luna cadavérica y blanca.