Anonyme
El domingo huele a otra cosa,
a café recalentado y silencio,
a esa luz que se vuelve perezosa
entre las dos y el atardecer lento.
No hay prisa y eso da un poco de miedo,
ese tiempo que no pide nada.
Me siento, miro el techo, me quedo
un rato así, sin hacer nada.