Anonyme
La lluvia de mayo huele
a algo que olvidé
antes de aprenderlo.
Me detengo en la calle.
Los demás siguen caminando.
Yo me quedo un momento
debajo de ese olor.
No es nostalgia exactamente.
Es algo más vago, más antiguo.
Como acordarse del color
de un lugar que no existe.
La lluvia cae despacio,
con paciencia de vieja.
No insiste, no golpea.
Solo viene y se queda un rato.
Me mojo sin importarme.
Los paraguas pasan a mi lado,
veloces, decididos,
yendo a algún sitio concreto.
Yo no tengo sitio concreto.
Tengo este olor de mayo
y esta lluvia que me recuerda
algo que no sé nombrar.
Quizás fue un jardín de infancia.
Quizás fue una persona.
Quizás es solo la lluvia
siendo ella misma, sin más.
Sigo caminando al final.
Me sacudo el agua del pelo.
Entro en algún portal extraño
para terminar de mojarme.
Y el olor se queda fuera,
mezclado con la ciudad,
con el asfalto y el ruido,
con lo que fui y lo que soy.
Y sigo sin recordarlo.
Y ya no importa.