Rosalía de Castro

Ya pasó la estación de los calores

VIII

 

Nunca permita Dios que yo te olvide,

Mi santa, mi amorosa compañera:

Nunca permita Dios que yo te olvide

Aunque por tanto recordarte muera!

 

Venga hácia mí tu imágen tan amada

Y hableme al alma en su lenguage mudo

Ya en la serena noche y reposada,

Ya en la que es parto del invierno crudo.

 

Y que en tu aislado apartamiento fiero,

Tan ajeno del hombre y su locura,

Velen, mi llanto y mi dolor primero,

Al lado de tu humilde sepultura.