José Asunción Silva

Convenio

¿Vas a cantar tristezas?, dijo la Musa,

entonces yo me vuelvo para allá arriba.

Descansar quiero ahora de tantas lágrimas;

hoy he llorado tanto que estoy rendida.

Iré contigo un rato, pero si quieres

que nos vayamos solos a la campiña

a mirar los espacios por entre ramas

y a oír qué cosas nuevas cantan las brisas.

Me hablan tanto de penas y de cipreses

que se han ido muy lejos mis alegrías,

quiero coger miosotys en las riberas:

si me das mariposas te daré rimas.

Forjaremos estrofas cuando la tarde

llene el valle de vagas melancolías;

yo sé de varios sitios llenos de helechos

y de musgos verdosos donde hay poesía;

pero tú me prometes no conversarme

de horrores y de dudas, de rotas liras,

de tristezas sin causa y de cansancios

y de odio a la existencia y hojas marchitas...

Sí, vámonos al campo, donde la savia,

como el poder de un beso, bulle y palpita;

a buscar nidos llenos en los zarzales:

¡Si me das mariposas te daré rimas!