Delmira Agustini

Tarde pálida

El libro blanco

Evocadora el alma palidece

Toda velada de un dolor muy vago,

En el cielo lechoso hay un amago

De tempestad, la tarde palidece.

Enmascarado y lento el sol de Otoño

Hacia un poniente turbio se encamina,

Sobre el paisaje soñador se inclina,

Suave y profunda, del exangüe Otoño

La tristeza tenaz... Yo que en la pálida

Floresta del dolor junto a mis rosas,

Sé que no aroman nunca más gloriosas

Que del Otoño en una tarde pálida.

Como voces lejanas en la noche

Vienen al alma los dolores viejos,

Cada racha que pasa trae de lejos

Otro dolor y otro dolor... La noche,

Vendrá a borrar la tarde blanquecina,

El cielo será un piélago de sombras...

¿Alma, de qué te asombras?

¿Crees eterna la tarde blanquecina?

Sí, y tú la amabas ya, ¿verdad? la amabas,

Tal llega a amarse un gran dolor amigo,

Hermano aciago, trágico testigo

De largos años... Alma, tú la amabas

Como el gran vaso raro y exquisito

En que apuraras néctares añejos

-El rancio zumo de los males viejos

Tiene un sabor de pátina exquisito-.

Pero el sol cae, cae allá a lo lejos

Lento y soberbio, como un rey vencido,

En púrpuras ardientes. -Ya ha caído...

Y en ti perduran los amargos dejos

De un gran pasado triste revivido

En una tarde que murió allá lejos!