Carolina Coronado

El pájaro perdido

¡Huyó con vuelo incierto,

y de mis ojos ha desparecido!...

¡Mirad si a vuestro huerto

mi pájaro querido,

niñas hermosas, por acaso ha huido!

 

Sus ojos relucientes

son como los del águila orgullosa;

plumas resplandecientes

en la cabeza airosa

lleva, y su voz es tierna y armoniosa.

 

Mirad si cuidadoso

junto a las flores se escondió en la grama:

ese laurel frondoso

mirad rama por rama,

que él los laureles y las flores ama.

 

Si le halláis por ventura,

no os enamore su amoroso acento;

no os prende su hermosura:

volvédmele al momento,

o dejadle, si no, Ubre en el viento.

 

Porque su pico de oro

sólo en mi mano toma la semilla,

y no enjugaré el lloro

que veis en mi mejilla

hasta encontrar mi prófuga avecilla.

 

Mi vista se oscurece

si sus ojos no ve, que son mi día;

mi ánima desfallece

con la melancolía

de no escucharle ya su melodía.