María Eugenia Vaz Ferreira

Desde la celda

La isla de los cánticos

¡Ay de aquel que fuera un día

novio de la soledad!

Después de este amor supremo

¿a quién amará?

¿Quién sin dar nada se entrega

y estrecha sin abrazar?

¿Quién de un vacío tesoro

hace que se pida "¡más!"?

¿Qué araña invisible y muda,

carcelera singular,

teje sus rejas abiertas

y el cautivo no se va?

Los aldabones golpean

con rumor de eternidad,

y el corazón solitario

le responde: "Más allá". . .

Sí, más allá de si mismo,

más allá del propio mal,

amorosamente solo

con su mal de soledad.

Afuera ríen los soles

sus vitrinas de cristal

racimos de perlas vivas

al pasajero le dan.

Por los caminos del mundo

cruza la marcha triunfal.

Evohé!... siga la fiesta...

¡Ay de aquel que fuera un día

novio de la soledad!