Luis de Góngora

De la ambición humana

Sonetos

Mariposa, no sólo no cobarde,

mas temeraria, fatalmente ciega,

lo que la llama el Fénix aún le niega,

quiere obstinada que a sus alas guarde:

 

pues en su daño arrepentida tarde,

del esplendor solicitada, llega

a lo que luce, y ambiciosa entrega

su mal vestida pluma a lo que arde.

 

¡Yace gloriosa en la que dulcemente

huesa le ha prevenido abeja breve,

suma felicidad a yerro sumo!

 

No a mi ambición contrario tan luciente,

menos activo, si cuanto más leve,

cenizas la hará, si abrasa el humo.