Mercedes Marín del Solar
Que del dolor materno la amargura
Estingue todo estraño sentimiento
I borra hasta la idea del contento,
Agotando del alma la frescura;
I los dias se pasan i los años,
Sin que lo que se amó se dé al olvido,
I los consuelos son vano ruido,
Los placeres hastio i desengaños.
Mas ¿qué es esto? ¡o sorpresa! allá en la alt
¿Ves esa nube blanca i trasparente
Que dibuja en su disco refuljente
La forma de una bella criatura?
¿I otra no ves que la sostiene amable
I otra aun que la toma entre sus brazos,
Formando en torno de ella dulces lazos,
Con afecto purísimo, inefable?
Es su padre amoroso: él la recibe
Con ósculo dulcísimo i suave;
¡Es siempre el infortunio la áurea llave
Que la dicha a los buenos apercibe!
I del destino adverso los rigores
I aun de la vida misma el sacrificio,
Se tornan del mortal en beneficio
En la esfera de eternos esplendores.
Pero se aclara el grupo peregrino,
I distinto aparece en el espacio,
De violado color i de topacio
Signo brillante, talismán divino;