Julio Herrera y Reissig

El abrazo pitagórico

Bajo la madreselva que en la reja

filtró su encaje de verdor maduro,

me perturbaba con el claroscuro

de la ilusión, en la glorieta añeja...

 

Cristalizaba un pájaro su queja...

Y entre el húmedo incienso de sulfuro

la luna de ámbar destacó al bromuro

el caserío de rosada teja...

 

¡Oh, Sumo Genio de las cosas! Todo

tenía un canto, una sonrisa, un modo...

Un rapto azul de amor, o Dios, quién sabe,

 

nos sumó a modo de una doble ola,

y en forma de «uno», en una sombra sola,

los dos crecimos en la noche grave...