Julio Herrera y Reissig

Dominus vobiscum

Bosteza el buen Domingo, zángano de semana...

El trapero del burgo ronda las callejuelas;

y enluta el Seminario, en dos sordas estelas,

su desfile simétrico, de una misma sotana.

 

Junto a la fuente, donde chocan sus castañuelas

los sapos, el "elenco" debuta en la tartana;

y beato, sobre tantas mansedumbres abuelas,

el cielo inclina un gesto de bendición cristiana.

 

Dos turistas, muñecos rubios de rostro inmóvil,

maniobran la visita de un fogoso automóvil...

Con su lente y sus frascos y su equipo de viaje,

 

investiga el zootécnico, profesor de lombrices,

y a su vera, dos chicos, en un gesto salvaje,

atisban, con los húmedos dedos en tas narices.