Manuel Acuña

Nocturno a Rosario

VIII

 

¡Figúrate qué hermosas

las horas de la vida!

¡Qué dulce y bello el viaje

por una tierra así!

Y yo soñaba en eso,

mi santa prometida,

y al delirar en eso

con alma estremecida,

pensaba yo en ser bueno

por ti, no más por ti.