Ramón López Velarde

Huerta

Por débil y pequeña,

oh flor de paraíso,

cabías en el vértice

del corazón en fiesta que te quiso.

 

Salíamos al campo

y tu cuerpo minúsculo

se destacaba airoso

en la grana y el oro del crepúsculo.

 

¡Oh noches enlunadas

oh provinciana orquesta,

oh tu alma piadosa!

¡Oh mi incansable corazón en fiesta!

 

Y una noche moriste

con la paz de un lamento

que se va con la brisa

al brocado ideal del firmamento.

 

Se derramó tu espíritu

cual vaso de ambrosía,

y en tu mano difunta

puso mi amor una azucena pía.

 

Sorda estás para siempre,

el recuerdo me abrasa

y al tocar en la puerta

turba el ruido el silencio de la casa.

 

¡Oh ilusión fallecida

en abril! ¡Oh alma presta

a todos los ensueños

del incansable corazón en fiesta!