Trina de Moya

Canto a Moca

Te canto ¡oh Moca! aunque mi canto sea

Inacorde, monótono, pesado.

Con impulso tenaz vibra la idea

en lucha con mi numen fatigado.

 

Ella en mi mente se rebulle loca,

en mi cerebro con ardor se inflama,

en cada fibra de mi alma toca

y a cada voz del corazón me aclama.

 

Pero mi verbo indócil es la valla

contra cual mi voluntad insiste

en impotente inspiración que estalla

en rudo verso, defectuoso y triste.

 

¡Vida y salud a ti! La heroína villa

que siempre ejemplo de civismo diera.

No empaña tu blasón ni una mancilla

que tus anales sonrojar pudiera.

 

En tu seno, ancha fuente de nobleza,

lactaron tus varones su cultura,

sus leyes del honor, la sencilleza

de su trato y su indómita bravura.

 

No tuviste, en verdad, la fácil suerte

que a otras comarcas el progreso trajo,

mas tu varón es cual ninguno fuerte

en la lucha sublime del trabajo.

 

Y en tus feraces tierras, el cultivo

-de riquezas emporio soberano-

el noble fruto muestra del activo

infatigable labrador mocano.

 

Y así tu campo es un altar de Ceces,

Donde el ocio jamás halló guarida,

Y en donde, al par que el bienestar adquieres,

la Independencia adquieres de tu vida.

 

Cual joyel que tus sienes engalana

con el más puro y refulgente brillo,

luce el hogar de la mujer mocana,

de aliento heroico y corazón sencillo.

 

Ni la ardiente ambición ni el vicio insano

rompieron de ese hogar el lazo estrecho,

no halló en tus hijos cómplice el tirano

ni el oro corruptor mancho su lecho.

 

¡Salve pueblo viril! Fiero, terrible,

Cuando te yergues con patriota empuje,

y, ya aprestado a la batalla horrible

eres león que se sacude y ruge.

 

¡Quién tus designios a restar se atreve

al verte así, la zarpa en son de guerra,

sea un audaz conquistador aleve,

o algún torpe tirano de tu tierra!