Luisa Pérez de Zambrana

La tumba de Martí

(A Dulce María Borrero de Luján)

 

Hay un sepulcro con un nimbo de oro

y allí enjugando su divino lloro

un arcángel en pie,

baña la santa losa ardiente y bella

de una radiante y solitaria estrella

la móvil brillantez.

 

¿De quién guarda esta tumba la memoria?

Aquí, bajo el sudario de la gloria

duerme un Rey inmortal,

rey de los pensamientos insondables

que tornó en certidumbres inefables

su grandioso ideal.

 

El genio errante, pálido y sin calma,

que sintió en las tinieblas de su alma

estremecerse un sol,

y sintió por sus sueños abrasada

nacer alas gigantes y estrelladas

en sus hombros de Dios.

 

¡Héroe sublime que la muerte hiela!

¡duerme! que un pueblo de rodillas vela

esta tumba, este altar,

pues de un iris espléndido ceñida,

de la rosa de fuego de tu herida,

surgió la Libertad.