Ramón López Velarde

A DOÑA INÉS DE ULLOA

Blanca flor de los claustros, irrisorio

capricho de don Juan, me abraso en gana

de platicar contigo, bella hermana,

en la paz del oscuro locutorio.

 

Mi cabeza en tus senos, el mortuorio

recuerdo evocarás de noche arcana

en que oíste la voz de la campana,

en brazos del sacrílego tenorio.

 

De tus monjiles hábitos, contritos

absolución demandan mis delitos;

dales la luz de tu inviolada toca

 

a las tinieblas de mi noche oscura

y haz llover en mi erótica locura

los besos conventuales de tu boca.