Mercedes Marín del Solar

A la poetisa cubana doña J. G. de Avellaneda

Musa sublime, en cuya frente pura

El lauro de Corina reverdece,

I en cuyo noble corazón parece

Que revive de Safo la ternura,

 

Al oir de tus versos la dulzura,

Aura suave que las flores mece,

El alma enajenada se embebece

I recibe en su ser nueva frescura.

 

¿Por qué lejos de tí quiso el destino

Colocarme al nacer, cual si mi suerte

Fuera solo admirar tu estro divino?

 

¡Ah! pero hai una vida tras la muerte,

Del jénio i la virtud brillante esfera,

¡1 allá con Dios mi corazón te espera!