Ramón López Velarde

Tus hombros son como una ara

¿Que elocuencia, desvalida

y casta, hay en tu persona

que en un perenne desastre

a las lágrimas convida?

 

La frente, Amor, hoy levanto

hasta tu busto en otoño

que es un vaso de suspiros

y una invitación al llanto.

 

Tus hombros son como un ara

en que la rosa contrita

de un pésame sin sollozos

húmeda se deshojara.

 

Cuando conmigo estás sola

¿qué lágrimas ideales

te dan un súbito manto

con una súbita aureola?

 

Te vas entrando al umbrío

corazón, y en él imperas

en una corte luctuosa

con doliente señorío.

 

Tus hombros son buenos para

un llanto copioso y mudo...

Amor, suave Amor, Amor,

tus hombros son como una ara.