Luisa Pérez de Zambrana

Dulzuras de la melancolía

¡Pensativa deidad! ¡cómo diviso

tras ese velo de dolor amable

que tu semblante angelical esconde,

la adorable expresión de tu dulzura,

el suave brillo de tus ojos tristes,

tu mirada dulcísima y sombría

y en tu sonrisa compasiva y pura

la celeste bondad. ¡Melancolía!

 

¡Virgen que bajas de la luna triste,

y que llevas, con lágrimas del cielo

humedecidas las pupilas bellas!

en todas partes pálida te miro,

en el aire, en el éter, en el suelo,

entre las sombras de la noche grave,

en la luz de la luna, en las estrellas,

del viento gemebundo en el suspiro,

en el cantar armónico del ave,

y más que en todo, en la callada hora

en que el sol va ocultando sus fulgores

cuando plegan los céfiros sus alas

y bajan a dormir sobre las flores.

 

¡Es tan hermoso ver bañado el pecho

de blanda y celestial melancolía,

eclipsarse del sol el rayo de oro

con el postrer crepúsculo del día!

¡Es tan dulce mirar cómo derrama

allá en la cumbre de elevada sierra,

el genio grave de la noche augusta

su cabellera azul sobre la tierra!

 

¡Es tan grato mirar en el silencio

y en la tranquila soledad del campo

cómo destila en luminosas hebras,

rasgando los blanquísimos celajes,

su luz de perla la callada luna

entre el húmedo azul de los ramajes!

 

Tú respiras allí, Melancolía,

allí en silencio meditando vagas

y derramando por doquier que flotas,

dulce, embelesadora poesía,

en vago encanto el corazón embriagas.

 

En esa hora de quietud inerme

en el trémulo rayo de la luna

bajas del cielo blanca y fugitiva,

y en el aire que duerme,

velada por la sombra que en tu rostro

las alas de los ángeles esparcen,

te meces vaporosa y pensativa.

 

Y yo sigo tu vuelo entristecido,

porque tú sabes suavizar las penas

y del doliente corazón herido

los sufrimientos y el dolor serenas.

 

¡Oh Virgen ideal! ¡Melancolía!

en tu santa y poética tristeza

pueda siempre decir en lo futuro

mientras doblo en tu seno mi cabeza

y descienden las gotas de mi llanto:

“de la amable ilusión perdí el encanto,

pero hallé de la paz el bien seguro.”