Mercedes Marín del Solar
Al oir, Mercedes bella,
Esa voz encantadora,
Al ver tu faz seductora
Que brilla cual blanca estrella,
Seguir quisieran tu huella,
Esclavos de tu hermosura,
Muchos; mas, tú, con cordura,
Les dices, que es disvario
Inútil amor tardío,
I que seguirte es locura.
Sí, que un amable viajero
En las orillas del Sena
Por tí llora, por tí pena,
I es ya tu fiel compañero:
De su afecto verdadero
Te hace pintura espresiva
En cariñosa misiva,
Que tú riegas con tu llanto,
Midiendo el espacio en tanto
Que de su vista te priva.
Guarda, joven inocente,
En tu noble corazón
De una primera pasión
La llama pura i ardiente.
¡Feliz la mujer que siente
En el albor de su vida
La dicha de ser querida
Del objeto a quien adora,
I que es la dulce señora
De una voluntad rendida!
Mas si quieres, niña herniosa,
(¿ue la risa i los amores,
Como guirnaldas de flores
Ornen tu vida dichosa,
De la suerte veleidoso
Fija la varia inquietud,
Siempre amando la virtud,
Ya que propicia natura,
Ha colmado de ventura
Tu graciosa juventud.