Luisa Pérez de Zambrana

Reflexiones

Yo siempre al triste consolé afectuosa

y la amarga indigencia socorrí,

que así tal vez, en la desgracia, un día,

me socorran a mí.

 

Yo siempre a la vejez tendí mi mano

y con respeto y humildad besé

la suya trémula, que yo más tarde,

lo mismo me veré.

 

Y la niñez desamparada y triste

en mí una amiga y una hermana halló,

que sollozando en la orfandad, Dios mío,

puedo encontrarme yo.

 

Y yo lloré con el esclavo siempre

si no pude aliviar su padecer,

que en el injusto y azaroso mundo

esclava puedo ser.

 

Yo, compasiva, consolé al mendigo;

que tal vez, otro tiempo, me verán

a mí de puerta en puerta, entre sollozos,

¡ay! mendigando el pan.

 

Al crimen aborrezco, pero nunca

al pobre criminal aborrecí;

porque yo, en su lugar, ¡ay! no quisiera

que me odiaran así.

 

Yo seré consolada en la desgracia,

que Dios no puede abandonarme, no,

porque ante el infeliz, me dije siempre,

¡si así me viera yo!

 

Y todos ¡ay! reflexionar debieran

que tal vez, como aquéllos se verán;

porque Dios dice que según medimos

así nos medirán.