Ramón María del Valle-Inclán

Rosa de Zoroastro

En el espejo mágico aparee

toda mi vida, y como cirio místico

aquel amor lejano aun estremece

con su luz el pleroma cabalístico.

 

Reza, alma triste, en sus devotas huellas,

los ecos de los muertos son sagrados,

como dicen que alumbran las estrellas,

alumbran los amores apagados.

 

Esta cera que enciende su lucero,

más luminoso cuanto más distante,

en el mágico circulo agorero

signa la eternidad de cada instante.

 

Suspende el grano en el reloj de arena,

y los enigmas de mi noche oscura alumbra

con su cirio de alma en pena,

del sellado cristal, en la clausura.

 

En el espejo vi la sombra mía negra,

sobre los pasos de la muerte,

y el ánima llorosa que vencía

con su oración el Sino de mi Suerte.

 

Aquel amor lejano, ahora vestido

de niebla sideral, su ardiente Idea

abre como un arcángel, y el sentido

inmortal de la vida en mi alma atea.

 

Tiembla en un zodiaco, sollozante

con sollozo de luz. Y su reflejo

circunda con un halo al nigromante

Espejo.