Rubén Darío

LV

Abrojos

Joven, acérquese acá:─

¿Estima usted su pellejo?

Pues escúcheme un consejo

que me lo agradecerá.

Arroje esa timidez

al cajón de ropa sucia,

y por un poco de argucia

dé usted toda su honradez.

Salude á cualquier pelmazo

de valer, y al saludar,

acostúmbrese a doblar

con frecuencia el espinazo.

Diga usted sin ton ni són

y mil veces, si es preciso,

al feo que es un Narciso,

u al zopenco, un Salomón;

que le que tenga el juicio leso

ó sea mal encarado,

téngalo usted de contado

que no se enoja por eso.

Al torpe déjela hablar,

sus torpezas disimule,

y adule, adule y adule

sin cansarse de adular.

Como algo no le acomode,

chitón, y tragar saliva;

y en el pantano en el viva,

arrástrese, aunque se enlode.

Y con que befe al que baje,

y con que al que suba inciense,

el día en que menos piense

será usted un personaje.