Pedro Salinas

Largo lamento

¡Qué contenta estará el agua

mañana, cuando despierte

y se encuentre con su cauce,

los dos brazos que la llevan

estrechada a su destino,

entre orillas que se alegran!

 

¡Qué feliz será la luz,

mañana,

cuando se encuentre a los ojos,

que la apresan, y la emplean,

y sirve ya para ver!

 

¡Qué perfecto será el pájaro

cuando se encuentren sus alas,

y su cuerpo y los albores

del día, indeciso aún,

con un pio, con un cántico,

en la garganta dormido,

que dé voz a la mañana!

 

Pero el alma, dime, el alma

que al otro día de aquel

se encuentra ya sin más ojos,

sin más manos, sin más pies,

que los tristemente suyos,

que los solos,

dime. ¿En qué cauce, en qué luz,

en qué canto va a vivir

si ya no le queda más

que el cuerpo suyo a esa alma?