José María Eguren

Las bodas vienesas

En la casa de las bagatelas,

Vi un mágico verde de rostro cenceño,

Y las cincidelas

Vistosas le cubren la barba de sueño.

 

Dos infantes oblongos deliran

Y al cielo levantan sus rápidas manos,

Y dos rubias gigantes suspiran,

Y el coro preludian cretinos ancianos.

 

Que es la hora de la maravilla;

La música rompe de canes y leones

Y bajo chinesca pantalla amarilla

Se tuercen guineos con sus acordeones.

 

Y al compás de los címbalos suaves,

Del hijo del Rino comienzan las bodas;

Con sus basquiñas enormes y graves

Preséntase mustias las primeras beodas.

 

Y margraves de añeja Germania,

Y el rútilo extraño de blonda melena,

Y llega con flores azules de insania

La bárbara y dulce princesa de Viena.

 

Y al dulzor de las virgíneas camelias

Van pos del cortejo la banda macrobia,

Y rígidas, fuertes, las tías Amelias;

Y luego cojeando, cojeando la novia,

 

La luz de Varsovia

 

Y en la racha que sube a los techos

Se pierden, al punto, las mudas señales,

Y al compás alegre de enanos deshechos

Se elevan divinos los cantos nupciales.

 

Y en la bruma de la pesadilla

Se ahogan luceros azules y raros,

Y, al punto, se extiende como nubecilla

El mago misterio de los ojos claros.