Luis Lloréns Torres

Retornelo

La golondrina mansa del recuerdo

se ha posado en mi torre de poeta.

Viene de las difuntas lejanías…

Del lado allá de las aradas sendas…

 

Del sequedal escueto del olvido…

De ti, La amada de una noche bella…

 

¡Aquella noche! … La montaña. El valle…

La echadez de la casa solariega,

serenamente asida y aclocada

sobre las siete vacas de la hacienda…

 

La sedante humedad de la mullida

alfombra de cojitre y hojas secas

bajo el parido cafetal del fundo

combado en la hinchazón de la ladera..

 

El mudo cucuyear de los bohíos

pegados a los pechos de la sierra…

 

Los misteriosos untos de la noche:

quietud, silencio, soledad, tinieblas,

imprimando los tintes de la hora…

Cielo arriba, La bruma cenicienta

acochando los rucios recentales

que se maman La miel de las estrellas…

 

Abajo, en el zigzag de La quebrada,

el arroyuelo de agua montañesa

rozando melodías al cimbrearse

en arcos de violín sobre las peñas…

 

La vieja letanía del camino,

rezada en el rosario de sus piedras,

en el ora pro nobis del que parte

y el miserere nobis del que llega…

 

El efusivo perro que atizaba

la risa de su cola zalamera,

trasegando en la taza de tu mano

la humedad de su hocico y de su lengua…

 

La herida ave de lejana copla

que venía volando en una décima

y murió al arribar en nuestro abrazo

y en nuestro abrazo la apretamos muerta…

 

Y la invasora abeja del deseo

zumbando en el panal de tu inocencia…

Y el beso que rozó mudo tus labios

y estalló en la más honda de tus venas.

 

Todo el poema de la noche virgen

en que te amé bajo sus gasas trémulas,

la golondrina mansa del recuerdo

lo abre hoy en mi torre de poeta

y revuela en la torre un azul soplo

que la destelaraña y la despierta…