Julio Herrera y Reissig

Julio

¡Frío, frío, frío!

Pieles, nostalgias y dolores mudos.

 

Flota sobre el esplín de la campaña

una jaqueca sudorosa y fría,

y las ramas celebran en la umbría

una función de ventriloquia extraña.

 

La Neurastenia gris de la montaña

piensa, por singular telepatía,

con la adusta y claustral monomanía

del convento senil de la Bretaña.

 

Resolviendo una suma de ilusiones,

como un Jordán de cándidos vellones,

la majada eucarística se integra;

 

y a lo lejos el cuervo pensativo

sueña acaso en un Cosmos abstractivo

como una luna pavorosa y negra.